XXXV

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Acordate de aquellos tiempos

En los que vos querías irte de acá.

Vos lo querías tener bien lejos,

Para nunca revivir el diablo que vive en vos.

Dijiste que habías cambiado,

Madurado tu forma de pensar.

Vos me dijiste que te habían ganado

Y, sospechándote, me dejé caer.

¿Qué más me importa?

Me quiero escapar de la sociedad.

No quiero ya más regresar.

No pertenezco a ningún lugar.

Se siguen preguntando cómo llegué hasta acá.

Los dos nos queremos encontrar y volver a soñar de más.

Algo pasó,

No sé muy bien qué,

Pero al final del camino no te encontré.

Quise gritarte, prohibirte, olvidarte.

Quise llorar por vos, por mí, por nosotros.

El dolor fue tan profundo y me descarné tanta piel,

Que al final del camino terminé encontrandme

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Metodologías

En la facultad te enseñan que, para que un trabajo de investigación sea éxitoso, quien la lleva a cabo debe tener en claro cuáles son las pautas metodológicas adecuadas para ese tipo de investigación. Eso implica delimitar el objeto de estudio hacia lo más abstracto posible y construir un marco teórico capaz de sostener todo lo que se aspira a probar.

En la vida pasa lo mismo. Cuando sos adolescente, te afirman que si seguís una serie de pasos, con seguridad vas a llegar a ser un caso de éxito. Por ejemplo, ir al secundario te va a permitir ingresar a la universidad. Ir a la universidad te va a permitir tener un título. Tener un título te va a permitir trabajar y, por consiguiente, vivir. Pasos simples, que requieren de disciplina y constancia. Para elegir una carrera, tenés que saber qué es lo que te gusta. Una vez que lo sabes (mirá cómo ya delimitaste tu objeto), te toca elegir la institución que mejor consideres que te va a capacitar (qué excluís y qué incluís, qué te parece importante y qué no tanto). Y, cuando ya estás metida en el baile, te toca delinear un plan de acción. Curso, estudio, apruebo, y se supone que, en algún momento, te recibís.

Sin embargo, desde mi perspectiva, y con la instrucción de la universidad de la vida encima, no hay nada más aburrido que seguir metodologías para arribar a un resultado exitoso. Con lo cual, tener que aprenderlas me toca un nervio y me lleva a preguntarme un montón de cosas que tienen que ver con mi escencia personal. ¿Cómo puedo hacer yo para entender y aplicar estos conceptos, si ni siquiera puedo materializarlos en mi vida real? Mismo, me hace pensar en el desafío que tienen los docentes con una alumna como yo. ¿Cómo vas a hacer vos, docente, para que una persona tan desestructurada como yo siga lineamientos tan estrictos?

Mirá todo el paralelismo que me disparaste…

 Sombra_!

Age is nothing but a number

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Después de un cachetazo violento de realidad, me vi como arrastrada por una gran mano invisible que me despedía de una etapa y me asentaba muy firmemente en otra.

De repente, los temas eran otros, las realidades otras y me quedé quieta, observándolo todo, tratando de asimilar que, finalmente, estaba en otro plano de mi vida.

El momento en el que sucede es raro. No te imaginás nunca siendo “grande”.

Lo que me pasa a mí con los números es un poco extraño de procesar, siento que nunca dejé de ser esa adolescente rabiosa, con hambre de rebeldía 24/7; no obstante, hay momentos en los que me siento más mujer que nunca. Quiero empujar las etapas “adultas” de esta vida lo más lejos posible, no sea cosa que me pierda de cosas por vivir; sin embargo, en el fondo, quiero con mucha intensidad una porción de todo lo “estable” que traen los años.

Siempre fui muy dual. En mis veinticortos, pasaba de la bohemia al capitalismo urbano en un segundo. Hoy, que lucho intensamente por mantener ambas partes de mi ser en equilibrio, me agarra una sensación igual de dual: o pateo el tablero y barajo de nuevo, o no. Pero con una salvedad: Entendí, por fin, que esa es parte de mi escencia… And I’m cool with it.

Conclusión #1: Los años no vienen solos, sí, pero no por ellos hay que dejarse moldear por la rutina y las obligaciones.

Conlusión #2; Seguramente, no tenga ni la mitad de lo que varios tienen, o tuvieron, resuelto a los 28 años… pero si de algo estoy segura, es que soy más feliz.

Si Jagger y mi abuela pueden rockearla con tanta magia, yo mejor me despreocupo.

*Fin del comunicado*

A quién corresponda,

Rama

Creo que, tal vez, la mejor manera de empezar esta carta, si no la más exacta, es diciéndote hola, pero no estoy muy segura. Tal vez tenga miedo, digo, me es muy difícil establecer un punto medio entre lo “cursi”, y el desinterés, porque, ¿quién sabe?, tal vez, no quiero que me malinterpretes, o sí, no sé. Pero, el meollo de este asunto es, sin dudas, simple.

¿Cómo estás? ¿Bien? Me encantó conocerte el otro día. Aunque me esté costando horrores escribir esta carta, creo que es el momento indicado para hacerlo. Vos te preguntarás la finalidad de esto, pero ni yo sé hacia dónde estoy yendo. Teneme paciencia, no estoy acostumbrada a que todo fluya con normalidad, de hecho, la vida me enseñó, lamentablemente, que el amor y el dolor van de la mano, con lo cual, mi inseguridad, sí, esa que conociste el otro día, se eleva día a día y alcanzó, hoy, una altura inimaginable.

A pesar de todo lo que vos me decís, sé que si no doy un paso para adelante, vos vas a dar uno para el costado, ¿y si te vas, qué hago? Por eso me armé de coraje el otro día, pero me acobardé antes de empezar, y te digo más, vos tampoco fuiste muy claro cuando hablaste. Me perturbó eso, en realidad, me perturba todo el tiempo, digo… la falta de claridad. A veces no entiendo que vos, tal vez, estés en la misma situación que yo, ni que experimentás las mismas sensaciones, y nos empeñamos, o al menos yo, en empañar todo. Porque, ¿sabés una cosa? Yo no veo bien, me cuesta demostrar mis sentimientos, adoro mi independencia y soy reacia a cualquiera que intente invadirme, ¿vos te bancás eso? ¿Eh? ¿Ves?, ahí va mi inseguridad. Dios mío, no puedo dar tantas vueltas.

Sin embargo, y cambiándole el rumbo a esto, vos sabés muy bien, y si no lo sabés te lo digo, que cuando estamos juntos todo parece encajar, como si vos fueras la figurita que me faltaba para completar el álbum. Sos “eso” que me complementa y creo que no me queda más para decirte que te quiero, y mucho.

Por: Emilia M., 2010

“A oídos espasmódicos, palabras parispatéticas”

“Y si no sabés lo que significa, ¡problema tuyo!”. Y no, nunca supe bien qué me quisiste decir.

Te escribo porque es la mejor manera que tengo de expresar todo lo que siento en este momento. Uno de los más difíciles de mi vida, que pensé que me iba a agarrar más preparada, más entera. Sin embargo, nada ni nadie te prepara para estos momentos.

Quiero decirte tantas cosas que no sé muy bien por dónde empezar.

Creo que lo mejor que puedo hacer es recordarte. Porque tuve la suerte de disfrutarte durante 27 años y fuiste un lujo. Y, hasta tus últimos días, la peleaste como un campeón.

Voy a extrañarte tanto que no puedo respirar de pensar en que nunca más voy a escuchar tu voz. Tus “¿Qué haces, negra?”, tus “Mariaemilia, decime, cómo andan tus cosas?”, tus indignados “¿Todavía los pescados sin vender?”, tus silbidos cuando volvías de la siesta todo peinadito.

Fuiste, para mí, el mejor ejemplo que pude tener. Me enseñaste que la libertad es lo más preciado que uno puede tener. Me transmitiste tu pasión por viajar, tu impulsividad y hasta me heredaste tu amor por la madera. Aprendí que no importa cuán hondo caés, siempre que sepas cómo levantarte. Me demostraste, también, que el que no arriesga no gana y que siempre tengo que probar para saber, porque “¿qué es lo peor que te puede pasar?”

Recuerdo nuestra última conversación. Me fui a tirar en la cama al lado tuyo, pensando que dormías, para dormir la siesta con vos, y me pegaste un grito: “Mariaemilia, ¿qué hacés? ¿te vas a dormir? ¡¡Tenés que charlar conmigo!!”. Me levanté de un tiro y me apoyé en la baranda de tu cama, te sostuve la mano y charlamos de la vida. No entendías cómo podía ser que me hubiera ido a vivir sola sin marido, que cómo no lo había invitado a comer unas pastas, y me prometiste que cuando puedas salir de tu cama, me ibas a venir a visitar a capital para conocer mi nuevo hogar. También, me hiciste reflexionar sobre la vida, sobre lo importante que es saber lo qué es la felicidad y mantener buenos valores a la hora de transitar este camino.

Mi infancia con vos fue increíble. Siempre nos acompañaste y nos hiciste jugar, reír y aprender. Nunca nadie me hizo reír tanto como vos. Nunca nadie hizo un asado tan delicioso como los tuyos. Se me vienen tantos recuerdos a la cabeza que no puedo ni siquiera ordenarlos para plasmarlos en papel.

Lo que se me ocurre ahora es agradecerle a la vida por un abuelo como vos. Uno que supo ponerme los puntos cuando los necesitaba. Uno que se reía de mis tinturas, de mi manera de vestir, y de mis viajes. Uno que me supo escuchar y contener cuando más lo necesité con tan solo decirme que mis abuelitos estaban para lo que necesitara.

Nunca me voy a olvidar del 12 de noviembre de 2015. Porque, aunque no me creas, cuando te fuiste lo sentí. Estaba en la facultad, empapada bajo la lluvia, y me bastó mirar el cielo para que sintiera un dolor que me ahogó. Ahí supe, y estallé en llanto, porque sabía que no iba a pasar de ese día y que, aquel domingo, cuando me dijiste “chau, negra”, y nos dimos un abrazo eterno, ese había sido el último.

Chau, abu. Que descanses en paz.

Sé que te fuiste con mucho amor y te vamos a recordar siempre con una sonrisa.

Con amor (y algunas lágrimas), tu nieta.

No sé qué hacer con esto que me pasa

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Empezaste despacio, tranquila, hilando fino para que no me diera cuenta. Empezaste con una palabra, después una frase, y ahora son párrafos enteros. Empezaste lejos, hoy sos parte de mi cotidianeidad. Empezaste con un fin de semana largo, hoy son 2 meses.

Tiempo suficiente para darme cuenta de tus manejos.

No dejás que vivan solos. No dejás que superen el dolor. Los abrumas con la culpa de no dejarte sola, pero, así, vos no los estás dejando vivir. Un tiempo con uno, y luego con otro. No querés dejarlos solos, porque eso implica asumir tu soledad.

Me ahogás, me ahogaste desde que vi con mis propios ojos cómo manipulaste a todos. Cómo te ponés en ese papel de víctima para que todo gire alrededor tuyo. Porque por alguna razón, todavía necesitás que giren alrededor tuyo.

A mi me produce el efecto rebote. No quiero que te acerques, no quiero que te metas, no quiero que vivas con él, no quiero que te adueñes de todo, no quiero que le acomodes los muebles como a vos te gusta, no quiero que seas la tercera pata de la silla, pero por sobretodas las cosas, no quiero que me toques. No quiero abrir un ojo y verte en plena intimidad, no quiero que me tapes con instinto maternal, no quiero que de vos dependa todo. No soy tu hija, no tengo 15, no puedo entender como no te ubicás.

Él se enoja con vos y no te lo puede decir, por culpa. Le da culpa enojarse con vos. Capaz te ponés a llorar. Capaz le decís que vos tenés una soledad que no podés superar y que lo necesitás. Capaz querés que vuelva. Pero él no es tu compañero. Es el mio.

Y me preocupa. Me preocupa que no pueda tolerarte más. Me preocupa que te parezca normal. Me preocupa un día no amarte más, no por vos, sino por dónde ella te coloca frente a mí: como un nene y no como un hombre, y yo… yo soy una mujer, no soy una nena. Me preocupa estar pensando en que esto así no va. Si va a ser así para siempre, desde ya te lo digo, tenemos fecha de vencimiento.

Por eso también tanta urgencia por irme, por tener mi espacio. Estoy pidiendo a gritos intimidad, un espacio para mí, y para vos y yo. Y te lo puede decir cualquiera, a mi no me gusta que irrumpan así porque sí dentro de mis perímetros. Soy muy respetuosa de los espacios de los demás y yo soy muy clara respecto de los míos.

Necesitaba que reacciones, y reaccionaste. Gracias por liberarme de este martirio.

We will always have NY

Mi viaje a Nueva York iba a ser personal. Nunca tuve en mente nada. Quería estar conmigo, perderme en la ciudad solo para volverme a encontrar. Este viaje representaba, para mi, el comienzo de una nueva etapa de mi vida. Llegar a los 26 no fue fácil. Mis 25 fueron turbulentos. Sin embargo, siempre tuve la firme convicción de que mis 26 representarían un punto de inflexión. Un año en el que mi objetivo principal iba ser estar más conmigo, conocerme, aceptar mis debilidades, manejar mis fortalezas, y sobre todo, quererme un poco más. Este viaje iba a ser el puntapié inicial de una nueva aventura, mi gran y ansiada independencia.

When I decided I wanted to go to NYC, my main goal was to experiment everything and live life to the fullest. Meet people, have great laughs, and dance to the NY vibe. I never imagined I would click with someone so easily. Was I looking for it to happen? No. Am I happy it happend? Yes. Am I sad it ended? A bit. But I understood what this was from the beggining. Two people looking for something, who all of a sudden stumbled into each other’s lives only to live a 1 week and a half adventure.

“But of all things, the girl who reads knows most the ineluctable significance of an end. She is comfortable with them. She has bid farewell to a thousand heroes with only a twinge of sadness. Don’t date a girl who reads because girls who read are storytellers.”

La historia que les voy a contar no es una historia de amor. Es una historia de una chica y un chico. Ella de Argentina, él de Escocia. Los dos tenían muchas cosas en común: 26 años, solteros, el calendario los separaba solo por dos días. Estaban viviendo el mismo momento. Ninguno de los dos esperaba nada de nadie. They were both on the quest of finding themselves. Sin embargo, bastó solo una mirada para hacer de este viaje uno inolvidable para los dos.

2 de marzo de 2014 – Llegué a NYC a las 6AM después de un vuelo de 14hs. Luego de pasar por la aduana sana y salva, tomé un shutter que me llevó directo al hostel. Quería hacerme la backpacker, pero estaba demasiado dormida como para entender el sistema de subtes de la ciudad.

Mi primer día en NYC fue super activo. Caminé por el Central Park, visité el American Museum of Natural History, me perdí, y llegué exhausta al hostel justo para una duchita y a la cama. Justo antes de salir, me había anotado en una de las actividades, el famoso Pub Crawl. I thought it would be a great way to break the ice and start with the right foot. But, when I got back from my first day, I just wanted to take a shower and go to sleep. Mientras se me secaba el pelo, empecé a leer el libro de Patti Smith “Just Kids”, el cual me llevó, por algún motivo, a levantarme de la cama y vestirme para salir. En definitiva, acababa de llegar y no me costaba nada salir a socializar un poco. Cuando bajé, le pregunté a la chica de la recepción qué onda, me contó y me fui a comer algo rápido. Didn’t want to go with an empty stomach.

Our guide arrived, and I was still zipping on my diet coke. Las reglas eran simples: 3 bares, conocer gente, tomar cerveza y dejar propina. Pfff, piece of cake! So, we started walking. It was incredibly freezing. My outfit was unbelievably tomboyish: sneekers, leggigns, and a million layers of clothes. No make-up, no hairdo, no nothing. It was just me, without furnishing. Empezamos a caminar y me pongo a charlar con M., un chabón de 35 años, oriundo de Filadelfia, que no sabía bien por qué estaba en NYC, pero lo sentí como que realmente la estaba luchando. Creo que era diseñador gráfico, o algo así. Entramos al bar, me siento en la mesa y éramos una argentina, un chileno, un yanqui y un escocés.

La charla que se dio entre los cuatro fue fabulosa. El chileno no hablaba mucho inglés, pero de alguna manera compartíamos el sentimiento sudamericano. La misma camaradería. Parece un cliché, pero cuando viajas, escuchar a alguien que comparte un poco de tu cultura está buenísimo. Igualmente, se quedaba un poco atrás. La charla era de a tres. Tanto M. como G. estaban fascinados con Argentina. Llega la hora de pagar y me encuentro sin cambio. G. me dice “Hey, I got this. You can invite me the next round”. Perfecto, pensé. No sólo sos potro y tenés ese acento seductor, sino que me ahorraste USD 7.

Next bar, everybody split up. I ended meeting some brazilians, and got myself talking with a guy from Israel, who also happened to invite me a beer. 

El último bar era uno de esos bares de la época punk de los años 70, chiquito, oscuro, lleno de graffitis, el DJ tenía mil años y pasaba The Clash, Blondie, en fin, un gol de media cancha. Entramos. Me acerco a la barra, y apenas amago a comprarme una birra, G. se me acerca con dos Heinekens y me dice “This is for you”. Qué caballero, pensé. Y me sonrojé un poco. But then again, we merged ourselves in the crowd and I got caught in a conversation with a guy from Brazil, militar, que trabajaba en las Naciones Unidas en Haití, descendiente de asiáticos. What a mixture, huh? La charla fue rara. Me empecé a sentir incómoda con su forma de pensar y sus actitudes “derechistas”. Con un “I’m going to get a beer and go to the ladie’s room”, tiré una bombita de humo y huí despavorida de ahí. Cuando salgo del baño, me doy vuelta y veo que G. estaba sentado con M. y una chica canadiense, compañera de cuarto de G. Estaban sentados en una mesa y al lado de G. no había nadie. “Esta es la mía”, pensé. Y con una naturalidad desconocida para mí, fuí, me senté y le dije “Hi”.

La charla fue inmensa. Hablamos de cómo eran nuestras vidas, nuestras familias, los por qués de nuestros viajes. Era la primera vez de ambos en Estados Unidos, habíamos llegado el mismo día y estabamos igual de perdidos. Me dice que qué linda que son las argentinas, que le llamaba la atención lo natural y laidback que era, y su mirada me fue encantando cada vez más. Me cuenta que su hermana le había dicho que vaya a Nueva York porque ahí su novio le había propuesto matrimonio. Mi reacción fue mega irónica, sentí que mi mecanismo de defensa estaba calentando motores. “That’s such a cliché, it’s like proposing in the Eiffel Tower”, le dije. Su respuesta me descolocó: “Listen, if you and me get married, I’m gonna buy a fucking diamond ring, get on one knee, and you’re gonna have to suck it up”. WOW. Chabón, de dónde saliste? Me quedé mirando sus ojos verdes y pensé que si algún día vuelvo a enamorarme, que sea de alguien como él.

I sipped my beer, looked around, and I felt butterflies. M. y la canadiense ya estaban besándose a lo loco. Pensé: “Se viene el beso, es inminente”. Pero no pasaba nada, seguíamos hablando y conociéndonos. En un momento me pide mi celular, me deja anotárselo porque no sabía cómo se escribía mi nombre. De repente y casi sin darnos cuenta, nos ibamos acercando cada vez más, the laughs and the talk led to the PERFECT KISS. A kiss that was eternal and magical in every way. We stopped, looked profoundly into each other’s eyes, and kept on kissing and kissing. I was flying. I felt incredibly at ease. Cuando nos queremos dar cuenta, la gente del hostel se había ido del bar. Eran las 2 AM y el bar estaba por cerrar. Nos abrigamos. “Sabés dónde queda el hostel?”, le pregunto; “No, vos?”, me contesta. Ninguno tenía mapa, ni se había familiarizado con las calles de Nueva York. Sin embargo, salimos y estaba NEVANDO. Por un momento pensé que estaba viviendo un sueño (somenone pinch me, goddammit!). Comenzamos nuestra caminata bajo la nieve, abrazados, parando en cada esquina para chapar. Pensé: “Si así me recibe NYC en mi primer día, no me quiero imaginar lo que va a venir”.

Y esas palabras me quedaron cortas. Porque lo que viví con vos fue de proporciones cósmicas.

Relato mi primer día en Nueva York porque quiero acordarme para siempre de ese momento. Del día en que te conocí. Sí, te hablo a vos, que no sabés una palabra de español, aunque vivís en España. Te quiero inmortalizar en estas palabras por más de que nos separe un océano. Porque vas a quedar impreso en mi memoria como aquél que me hizo verme en todo mi potencial. Me reflejaste como nunca nadie lo había hecho. Me hiciste ver que tengo muchas debilidades, pero que también tengo muchas fortalezas. Fuiste una pieza fundamental que me ayudó a concretar ese fin tan preciado que era encontrarme y quererme un poco más.

Y aunque maldigo cada día que pasa el hecho de que nuestras vidas sean tan opuestas, agradezco a la vida que me haya puesto en el camino a alguien como vos. Me acuerdo y te sonrío, porque sé que tal como vos me dijiste: “We will always have New York”.

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