Diario de lectura – “Glosa” de Juan José Saer

Silence

Por: Emilia M., 2010

Cuando comencé a leer esta novela, lo primero que me llamó la atención fue el título. Asumí que, para un escritor, nombrar una obra no es algo que se hace porque sí, sino que cumple la función de introducirle la trama al lector. Con lo cual, busqué el significado de “glosa” y dí con lo siguiente:

Glosa: Explicación o comentario de un texto oscuro o difícil de entender. Nota que se pone en un instrumento o libro de cuenta y razón para advertir la obligación a que está afecto o sujeto a algo, como una casa, un juro, etc. Nota o reparo que se pone en las cuentas a una o varias partidas de ellas. Composición poética a cuyo final, a al de cada una de sus estrofas, se hacen entrar rimando y formando sentido uno o más versos anticipadamente propuestos. (Música) Variación que diestramente ejecuta el músico sobre unas mismas notas, pero sin sujetarse rigurosamente a ellas.

Ahora bien, habiendo terminado la novela, puedo afirmar que todos los elementos que componen el significado de la palabra “glosa” se aplican a la estructura narrativa de la novela. A lo largo de ella, pude sentir la rítmica que diseña Saer para construir una partitura literaria que se instala en un tiempo determinado. De hecho, lo que creo que Saer trata de plasmar en la novela es esta noción de interpretación de un género literario –en este caso, se disputa lo que pasó realmente en el cumpleaños de Washington Noriega– combinada con la variación que un músico ejecuta sobre las notas de su partitura –en este caso, la manera en que construye las historias a partir de la linealidad de una caminata–.

Además, Saer construye un para-texto que se relaciona con esta idea de “rítmica literaria” y que pone de manifiesto puntos de contacto con otras novelas/comedias que juegan con estas estructuras, como por ejemplo El Sonido y la Furia de William Faulkner y El Banquete de Platón. Con lo cual, antes de empezar la novela, el lector tiene en sus manos elementos que le anticipan la trama: palabras como “gramática”, “comedia” y, por lo tanto “ironía”; la noción del tiempo y el espacio; y la cita de los versos de Tomatis que, como vemos adentrada la novela, se le da un valor simbólico muy importante.

Las primeras siete cuadras

Para empezar, diría que lo que más me atrajo al comenzar esta novela fue el narrador, el cual se lo percibe indeciso, impreciso y hasta parece no importarle lo que va a contar; supone que el lector ya está familiarizado con la historia y que no necesita ser muy explicativo. Esto lo podemos ver en estructuras que se repiten a lo largo de toda la novela, por ejemplo: “…en una palabra, en fin, o en dos mejor, para ser más exactos, todo eso.” [1]; “Es, si se quiere, octubre, octubre o noviembre (…) el veintitrés de octubre de mil novecientos sesenta y uno pongamos –qué más da-.” [2], etc. Por otro lado, la estructura de la novela me parece muy inovativa: Saer construye la trama a lo largo de 21 cuadras y las divide en tres partes compuestas por siete cuadras cada una. A mi, particularmente, me pareció simpático que estén así divididas, ya que sale de lo común.

Para los que leímos El Banquete de Platón, podemos ver claramente que la estructura es básicamente la misma: dos personas que se encuentran inesperadamente e intentan reconstruir los hechos y diálogos sucedidos en una fiesta a la cual ninguno de los dos asistió. Para reconstruir el hecho, Saer recurre a una estructura reiterativa durante toda la novela: “Dice el matemático, que dijo Botón, que dijo Washington, que dijo…”, con lo cual accedemos a la historia siempre a través de lo que nos cuentan otros. Además, el narrador no sólo se auto-refiere constantemente, sino que crea con el lector una familiaridad y, a la vez, una incertidumbre de nunca saber cuál es la verdad absoluta. De hecho, esto le saca el embelesamiento al lector y convierte al narrador en la figura de la ficción –quiero decir que él se convierte en el foco de atención, ya que uno viene atrapado por el relato y aquellas imprecisiones nos sacan del contexto narrativo principal–.

Con respecto a la descripción geográfica, comienza siendo bastante indefinida, ya que el autor trabaja con objetos comunes que tranquilamente le podrían pertenecer a la mayoría de las grandes ciudades del país (palabras como: “boulevard”, “Av. San Martín”, “centro”, “colectivos”, etc.). Luego, a medida en que avanzamos en la novela, Saer va agregando elementos que nos indican que en realidad se refiere a una ciudad de Santa Fe.

Por otro lado, Saer plantea referencias rítmicas (“ir y venir”) que nos dan la sensación de que vamos y venimos en la trama. Por más de que haya una línea rectora, el autor plantea grietas por las cuales los personajes se deslizan, y, a medida en que van caminando, se produce un entrecruzamiento entre las voces narrativas. De hecho, Saer se adentra en descubrir lo que hay “más allá”, ya sea la esencia de la lengua (significado vs. contenido semántico), del recuerdo (por ejemplo, Leto se olvidó del Leto que sufrió en el pasado), o de lo humano. Se detiene en detalles que desconciertan al lector como, por ejemplo, las frases que se articulan casi automáticamente y que los personajes –en este caso, Leto– las dejan pasar porque creo que él, particularmente, se ha creado una coraza contra lo predecible, pero en el momento en el cual se detiene a pensar en aquellas frases (“Él, que ha sufrido tanto” [3]). Esto es lo que sucede con Isabel, la madre de Leto, la cual me pareció el personaje más siniestro de todos. Ella es fría, perfeccionista, actriz e irreal.

De cualquier manera, Leto se encuentra con el Matemático. Se puede percibir un tono melancólico en Leto cuando esto sucede, de hecho, son dos personajes completamente antagónicos. Ambos, a su manera, se comparan, se menosprecian, se tienen celos, se envidian, se endiosan, hasta pareciera que a pesar de la competencia constante se complementaran: “A pesar de la diferencia de estatura, Leto y el Matemático llevan el mismo paso (…)” [4]. Nosotros como lectores nos preguntamos cómo personajes tan antagónicos pueden tener puntos de encuentro, pero luego nos damos cuenta de que Saer describe sentimientos comunes a todos y que raramente vemos escritos, hay cosas que nos unen sin importar la clase social ni la ideología. A partir de este encuentro, Saer comienza a plantear el trasfondo social y político de la época.

Ángel Leto lo sentí melancólico y nostálgico durante toda la novela. Recuerda su infancia, a través de la cual tenemos acceso a su humanidad, y nos va generando imágenes a partir de los mismos.  Plantea la disfuncionalidad real de su familia: es un misterio la relación entre sus padres, y desmiente la perfección de los recuerdos con los que se guía su madre, y es la reflexión de Leto lo que lo lleva a darse cuenta de que no tiene nada que ver con ella, que, de hecho, los separa un abismo inconmensurable. Una figura fuerte es la del padre y el por qué de su suicidio, que nunca lo sabemos. Es como si Saer no quisiera que sepamos todo de todo, sino que se guardara siempre algo para sí mismo, y con respecto al suicidio del padre, podemos relacionarlo con la tragedia griega. Durante el recuerdo, utiliza mucho el “se” impersonal, como si, efectivamente, Leto quisiera impersonalizar la acción. El Matemático recuerda el momento en el que se iba a encontrar con un poeta de Buenos Aires (“el Episodio”), y podemos ver que el recuerdo representa el pasaje de la adolescencia a la adultez y cómo las desilusiones nos hacen crecer.

Hubo muchas cosas que me resultaron muy graciosas. Una de ellas fue cuando Leto escuchó, por primera vez, el nombre de Botón: “A decir verdad, cuando oye el sobrenombre, lo primero que se representa es un verdadero botón (…)” [5], o cuando el Matemático le describe el quincho de la quinta de Washington, Leto no lo conoce: “Superando una fracción de segundo de confusión, Leto se ve obligado a instalar el quincho imprevisto entre los árboles del fondo” [6]. Uno tiende a asociar las cosas que desconoce con lo que conoce. Otra cosa que me pareció interesante es que, a medida en que uno avanza en la lectura, conoce un poquito más acerca de los personajes; Saer les agrega nombres y apellidos, años, etc.

Hay un momento en el cual Leto se sumerge en sus recuerdos y el Matemático sigue contando lo que le contaron sobre la fiesta, entonces es aquí donde el narrador sale a la superficie y delinea una construcción narrativa paralela que se abstrae de ambos personajes.

Yo, como lector, tuve la sensación de que no me podía distraer ni un segundo, y cuando llegaba a un nivel alto de concentración, me sentía en la piel del narrador. Creo que en esta parte vemos la evolución personal que desarrollan ambos personajes, como que los dos ya pasaron la adolescencia y se enfrentaron cara a cara con situaciones que requirieron dejar atrás la ingenuidad de la juventud. En Leto lo vemos más en detalle, ya sea por la actitud que él toma frente a su madre o mismo por la referencia que hace a los “Quaker Oats”, como si deseara que la infancia fuese eterna: “Esto no era lo que yo esperaba. Todavía no es como yo pienso que debe ser. No es posible que esto sea todo” [7]. Otro punto importante es que esta primera parte plantea los puntos temáticos que se van a retomar a lo largo de toda la novela

Las siete cuadras siguientes y las últimas siete cuadras

Aquí aparece un tercer personaje que se une a la caminata de Leto y el Matemático: Tomatis, el cual les provee de una versión bastante más distorsionada que la que le dio Botón al Matemático. Su versión es más cruda, tal vez porque lo encuentran con un humor más sarcástico, quién sabe, el punto es que se pone en tela de juicio la realidad y la no realidad y se las relaciona con el discurso de la física y el existencialismo.

Al principio, el narrador vuelve a retomar el comienzo de la novela y el fin de las primeras siete cuadras. A mi me dio la sensación de que así como hay distintas versiones de lo ocurrido en la fiesta, Saer nos quiere dar la oportunidad de crear distintos significados en la lectura de las mismas. Quiero decir que con el mismo contenido semántico, el autor reelabora el texto y crea en el lector un efecto de extrañamiento –ya que no estamos seguros si tiene sentido que los repita– y, como consecuencia, la trama se vuelve lenta y sentimos que no avanza.

Hay intertextualidad: “¡Sht! Il terso conchertino dilestro armónico” [8]. Se me ocurre que el autor hace alusión al movimiento Futurista cuando se refiere a los ruidos cotidianos de la ciudad como música: “Los ruidos matinales de la calle principal, vehículos, pasos, voces, (…) en la que se engasta (…) la música (…)” [9]. Más adelante, el narrador cuenta que Leto conoce Rincón Norte y que no tiene dificultad en imaginarse a Washington sentado, etc., pero pareciera como si él sólo pudiese imaginar lo que ya conoce, y yo me pregunto si en eso consiste imaginar.

En esta segunda parte, el tono del narrador cambia. Tengo la sensación de que está nervioso. ¿Podemos trazar un paralelismo entre el tono del narrador y el contexto socio-político? Otra razón puede ser que cada vez hay más versiones de lo ocurrido en la fiesta, la narración pasa por muchos tamices, en los cuales la versión resultante tiene un matiz propio adquirido del personaje que la cuenta. Además, el vocabulario es más lunfardesco.

Aparece el hermano del Matemático, quien pareciera ser su opuesto. Aquí nos resulta difícil obviar el conflicto de clases. Por más de que el Matemático trata de despegarse de la burguesía sanguinaria, termina siendo igual de elitista.

Me llamó la atención la edad de los personajes. Por un momento, pensé que se trataba de adultos pasados los 40 años, sin embargo, Leto y el Matemático no pasan los 30. Con lo cual, hoy en día podríamos interpretarlo como una crítica social, en el sentido de que durante la época peronista (por poner una fecha) la juventud tenía ideales, se involucraba y se responsabilizaba muchísimo más que ahora.

Se habla de caballos y de mosquitos, pero lo más llamativo es el verso que Tomatis le entrega al Matemático. Se transforma en un objeto casi de deseo y Saer explora la superstición, podemos decir que el poema aparece primero como un objeto exterior a la estructura narrativa para, luego, formar parte activa dentro de la narración. También explora los sueños, en donde se pone en crisis la idea de realidad y las imágenes que se evocan son cuestionadas ya que no se sabe hasta qué punto son reales.

Llegando al fin de estas siete cuadras, vemos como el relato toma un tinte político interesante en el cual se describe la persecución y el terrorismo de Estado. La verosimilitud del relato del cumpleaños de Washington queda resignado a un segundo plano y se va a recordar años más tarde.

El estilo reiterativo del narrador –“como ya sabemos”, “como decíamos”, “¿no?”, “más o menos”, “¿qué más da?”, “como veníamos, o venía, mejor, el que suscribe, ¿no?, diciendo”– se enfatiza cada vez más, a medida que avanzamos, y hasta podemos decir que roza con el fluir de la conciencia, por ejemplo pasa de narrar una situación profunda y significativa a narrar la descripción geométrica de las calles, sin preámbulos. La incertidumbre, la falta de verosimilitud que refleja la imposibilidad de ofrecer una versión oficial de los hechos, etc., son características que dejan entrever el “alma” (la esencia) de los personajes: ninguno posee un alma limpia, algunos presentan una dualidad que se manifiesta en luchas internas, y otros ejemplifican los cambios de percepción en la vida. Se presenta también el problema que enfrentan los personajes con el qué dirán y los prejuicios sociales.

Saer trabaja siempre con el centro y la periferia, conviven en sus novelas el ambiente rural y el urbano. Al finalizar la novela, pereciera como si los personajes estuvieran dentro de ese movimiento.

Referencias

[1] SAER, Juan José. Glosa. Pág. 3. Editorial Espasa-Calpe. 1995.

[2] Op. Cit. Pág 2.

[3] Op. Cit. Pág 3.

[4] Op. Cit. Pág. 13.

[5] Op. Cit. Pág. 21.

[6] Op. Cit. Pág. 25.

[7] Op. Cit. Pág. 44.

[8] Op. Cit. Pág. 56.

[9] Ibid.

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Book Review: The Awakening – Kate Chopin

Sombra

Por: Emilia M.

Condemned, disagreeable, morbid, vulgar, trite, and sordid, were some of the adjectives critics used to describe The Awakening, a novel written by Kate Chopin, back in 1899.  Dealing with a woman’s quest for independence and self-fulfillment, Chopin wrote this novel while living in St. Louis at a time when the Industrial Revolution and the feminist movement were about to emerge and change society forever.

Kate Chopin was born on February 8, 1850 in St. Louis, Missouri as Catherine O’Flaherty. Daughter of Thomas O’Flaherty and Eliza Fariz, she was an avid reader of novels, poetry, and fairy tales since she was a youngster. Her father died in 1855 and, since then, Kate was surrounded and nurtured by women, a theme that she would strongly develop in her further writings. Despite having had a childhood full of trauma, she met Oscar Chopin at the age of eighteen and married him in 1870. The couple settled in New Orleans and then in Cloutierville. Oscar died in 1882 and left Kate with the responsibility of raising six children at the age of thirty-two. At this point, Kate was devastated and broke. A friend of hers thought that writing would be therapeutic healing for her, and that is how she started writing short stories. She wrote about a hundred and managed to get published by some of the United States’ most prestigious magazines. Her work was well received by society until her second novel was published: The Awakening. A novel that not only focused on the life of a sensitive and intelligent woman, but also presented, for the first time, a feminist non-conformist view regarding the social conventions of the time.

The Awakening tells the story of a woman who decided to break the conventions and expectations of Creole society, which required a married woman to devote her life to her husband and children and leave aside her own needs, and embarks on a journey of self-understanding and self-discovery.

The novel is divided into two parts, the first part is set in Grand Isle, a vacation spot usually visited by the wealthy Creoles of New Orleans, and the second part is set in the city of New Orleans. Throughout The Awakening, we are able to see how the main character, Edna Pontellier, develops a journey of self-discovery that begins in Grand Isle and finishes in New Orleans. During her stay in Grand Isle, the reader will see how she experiences certain events that would awaken her most primitive instincts. There, she meets Adéle Ratignolle, a woman who epitomizes marriage and womanly elegance. This relationship begins Edna’s process of awakening because she learns about freedom and sexual expression, which ends up liberating her. The turning point in her process comes when she meets Robert Lebrun, a man who is known in the island as one who chooses one married woman each year to whom he plays “attendant” all summer long. As their relationship grows, Edna remembers how it felt to be in love and feels more alive than ever: she starts to paint again, learns how to swim, which inspire in her an awareness of her body and her sexuality, and her affection for Robert unfolds several internal revelations. Consequently, when she returns to New Orleans, she is a changed woman. The reader will see the way in which she decided to live her life and how she has to deal with the consequences. At first, she ignores her social responsibilities, rejects her former life-style by moving out of her husband’s house into a home of her own, and declares herself independent. She does not listen to her husband, sends her children away to live with her mother-in-law, and flirts with a man for whom she has no feelings for, although her passion and sexual desire towards this stranger are higher than anything she had ever felt for her husband before. The most surprising thing is that she never feels remorse. When Edna and Robert are finally reunited, she is forced to make a decision: if she cannot be herself, she will not be at all. At this point, the reader is left to wonder to what extent Edna would break and free herself from social conventions.

Regarding her narrative, it is clear how Chopin used elements of her normal life in Louisiana to help her build this beautiful story with a narrative full of imagery, motifs, symbols, themes and a strong interest in the role of women and their behaviour within social structures. Chopin’s narrative style can be categorized as a mixture of naturalism, realism and romanticism. She was definitely influenced by French writers from whom she learned to have a perceptive focus on human behaviour and understand the complexities of social structures, and how to write about them; but writers like Wilde, James, Wharton and Shaw, from whom she added an incisive and humorous skewering of upper class pretension, also influenced her. As a result, The Awakening gave birth to the Southern novel as a genre in which the narrator is detached from the character. This is, perhaps, one of Chopin’s most important stylistic legacies because it broke the contemporary Victorian tendency toward narrative judgement and editorial commentary. In Chopin’s novels, the reader is left to assess the protagonist’s decisions.

Although, she is considered today one of the classic female writers of the nineteenth century, she was one of the most controversial writers of her time because she wrote about contemporary issues regardless of what society thought. We should always bear in mind that it was written at a time of tension between the old and the new, which led citizens to have mixed feelings about progression and what it would hold. At the beginning, the reason for her success was that she based her characters on real people and settled her stories in a specific region and community; this means that she was talented enough to present her views as curiosities of a localized culture rather than universalities in human nature. Until she wrote The Awakening, her second novel, for which she was strongly criticised and ostracized because people thought that it was too critical and were shocked by her sympathetic views towards the actions and emotions of the sexually aware and independent female protagonist. Remember that the feminist movement did not exist in Louisiana, a state in which women were still considered the property of her husbands.

Nowadays, the new generation of readers praise the candid and realistic views and find it to be informative about early American feminism, while contemporary critics find the novel to be full of details and imagery and the irony of the narrator to be a rich source of analysis. Only by learning what Kate Chopin’s been through in her life we are capable of understanding why all of her novels and short stories have strong women – or women that are weak at first, but find their strength along the story – as the main characters. What makes this novel also attractive, is that it is threaded with sensuous imagery and has a provocative ending, which invites several re-readings and a wealth of interpretations. It is one of those books that I am anxious to read again, and is highly recommended for those people who want to see and realize how much women has progressed.

How much politics is too much politics?

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Por: Emilia M.

When I was in high school, little did I know about politics or the way in which they could work within an educational context. However, when I entered UBA (Buenos Aires University), I discovered a completely new world. In it, students managed to create a space in which they could defend and express themselves. Although FUBA (University of Buenos Aires Students’ Federation) is related nowadays with political parties and government issues, it was originally designed to fight for the recognition of students rights, among other things, which I found extremely interesting and useful. However, when I decided to change my course of studies I chose an institute of further education (IESLV), and much to my surprise, there was no student participation whatsoever. The contrast was so big that I began wondering why this was so.

After many weeks of thinking and researching, I came to the conclusion that the creation of a Students’ Union would benefit not only students but it would also play a huge role in helping and, at the same time, keep an eye on the main authorities of this institution. Would not be ideal to have the means to create a centre that could provide the answers to the frequently asked questions like, entrance examination requirements, enrolment, course requirements, credit transfer, classes, schedules, required paperwork, etc? Therefore, being this one key issue to make the IESLV’s experience easier, I could not help but wonder why students are not motivated enough to try and make a difference?

I figured that the best way to begin answering those questions was to mingle with the student body to know what their opinions were, and try to understand why this lack of commitment existed in order to provide a suitable solution.

Jennifer W., a 21-year-old student who has clear political views and is ready to voice them, believes that it would be beneficial for all of us if there were a Students’ Union that could provide support to all freshmen students.  “It seems like we do not have a say in anything. However, I think that the main reason why students do not want to take full responsibility and participate, and I am including myself in this, is laziness.

‘Besides, full-time students prefer to refrain from participating because they lack the time and information. It would be great to be aware from the start, at least, that there are people involved in defending students’ rights and working to provide a better educational context for us all. This would give us the opportunity to choose whether we want to participate or not. I suggest those who make up the student board should approach freshmen and juniors through talks or via e-mails. In short, there is a huge lack of information regarding everything concerning this institution –schedules, paperwork, authorities, etc.-, so it would not hurt if seniors gave us a hand if any of us has doubts, especially when Bedelía cannot impart us with that kind of information.”

Julia C., another student, pointed out that she agreed with Jennifer W., but added that, instead of criticizing Bedelía as most students do, she suggested a couple of ideas that are feasible. On the one hand, she proposes to create an office or a department that would lighten Bedelía’s work and assist the students’ administrative or specific queries regarding their majors, for instance credit transfer, professors’ profiles, schedules, regulations, scholarships, etc. In addition, it would be ideal to have qualified employees, who know all the tricks and regulations concerning the institution, working there in case students want to make a complaint against teachers or simply fight against injustices. On the other hand, it is true that with an efficient and strong union, students could fight harder in order to change things we feel are missing, like heating, classroom supplies, etc.”

Laura F., a 32-year-old student added, “I personally believe it is of major importance to create a Students’ Union because, along the way, we tend to come up with inquiries and realize which things are the ones we would like to change within the institution. The thing is that for either of them, it is almost impossible to achieve them. What I mean by this is that you may present a formal letter to the authorities and it would not make any difference, but if it had the support of a strong union instead, it would be much easier for problems to be fixed.”

It is clear that there are many students clamouring for the existence of a Students’ Union. Apart from giving them a physical space where students could ask not only administrative and institutional matters, they could also be motivated to help. Moreover, it would take a huge weight off Bedelía’s employees and maybe make the bureaucracy easygoing and approachable. Another reason why this would be ideal is that the information required regarding exams, enrolment, courses, scholarships, exchange programs, etc. would be centralized in one place. This would not only help senior students but, above all, freshmen, who seem to be at a loss when beginning their course of studies.

Once freshmen pass the entrance exam, they are given a guide, which is not clear, updated or even completed, intended to give all the necessary information regarding the major itself and the institute’s regulations, including students’ rights and responsibilities. Consequently, one thing that would prevent freshmen students from being at a total lost would be to receive a complete Students’ Guide written by other students, and this should be done by the Students’ Union.

In addition, the Students’ Guide advises students to be well-informed when it comes to the Reglamento Orgánico, the Dean and Board’s decisions, the major and subjects’ curricula and the internal regulations, to participate in the activities organized by the Students’ Union, to vote for a student representative, to know who the candidates are and to participate in their election to attend the Board’s meetings; to participate in extra curricular activities and encourage others to do so, to take tutorials (of any subject), etc. Of course, those things previously mentioned are not fulfilled at all. To begin with, the Students’ Union should be in charge of informing the student body about the decision-making  process or any important update of any sort – for example, supposedly, the Board must meet once a month in public hearings, does anybody know where they are held? –. One of the Student’s Union’s responsibilities would be to create a website and to designate people who would only be in charge of updating and improving the site.

Another thing students are told when they enter their major is that they must participate in the elections and vote for the Board’s members and for the Students’ Council in order to be able to sit for finals. Ironically, in the voting booth, students face the problem of having no other choice but to choose from the only list meaning that they are obliged to vote democratically in an undemocratic way. Although saying that there is a shortage of people to fill two electoral lists is a perfectly valid reason, one of the main responsibilities of the Students’ Union would be to work on a campaign where students and teachers can be highly motivated to get involved, and as a consequence be able to recruit enough people to build at least two “political” parties. Meanwhile, elections should be optional and they must not interfere with the course of studies.

However, reality hits us when we realize that, for this dream to come true, many people are needed. Unfortunately, students at IESLV do not have enough time to spend working for free. According to senior and graduate students, they tried to make up a student body (ProCET) in 2004/5, but the project failed because of several reasons: the lack of people who wanted to participate in it, the lack of experience of the few people who stayed working, and above all, because of the low budget that they had access to. In spite of everything, they wanted to create a Students’ Union that would differ completely from the one at UBA. They did not want to be politicized or to make a profession out of this educational activity. They had little success due to the fact that they could not gather enough people to help them to organize it and the few people who still wanted to make it work remained lost their willingness to do it. With this in mind, we do not have to forget that it is a public institution, which means that the amount of paper work makes everything 400% slower. However, and against all odds, those senior students managed to create a website, a students’ forum where students can interact with other students and share experiences, and a professor’s profile forum where students can give their opinions about the subjects they took; all of them are still available today.

To conclude, I believe that it is of utmost importance to create a Students’ Union in order to help students get the most of their academic experience. Therefore, the union should work with the authorities and not against them, giving students the opportunity to participate and make sure everything works correctly. Apart from that, an interesting chore would be for the Students’ Union to organize a cultural agenda with events that would enrich all the language departments, and complementary workshops and tutorials.

Unlike the people in charge of writing the guide nowadays, that apparently are not aware that there is no such a thing as a Students’ Union or do not have a clear knowledge of who are the students’ representatives, I strongly believe that the Students’ Guide must be rewritten by the Students’ Union and it must include the institutional information that it has plus a section with the names, offices, e-mails and timetables of the authorities and the students’ representatives – like a “Who is who in IESLV?”, so that they know who to turn to in case they need anything. Besides, the Students’ Union could also tackle the low budget issue by organizing events to help raise money in order to invest it in, for instance, creating an efficient website in which students could, in addition, enrol online in the main courses or in the finals. I am in the quest of stimulating the participation and creative skills of the whole student body. I know there is a lot that has to be done, but if we are patient and perseverant, there is no doubt we can reach our goals.

  

Cada idioma ocupa un lugar diferente en el cerebro

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Por: Luis Amiguet

A los 50 años, el profesor en Neurolingüística Josef Grodzinsky piensa en retirarse a algún lugar frente al mar. “Pero aún no me he dado permiso”, dice. Nació en la ciudad israelí de Haifa, pero vive en Quebec, Canadá. Lleva toda la vida investigando cómo pasamos del pensamiento al habla en el cerebro, ahora en la McGill University y también en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Grodzinsky abre la charla relatando el caso de un paciente que hablaba con elocuencia, pero se bloqueaba cuando le hacían cualquier pregunta. Y enseguida explica que eso sucede porque las preguntas y las respuestas son gestionadas por áreas diferentes del cerebro. “Es mucho más fácil declarar que responder y más cuando está usted bajo presión”, apunta.

—Por eso responder un interrogatorio es más desagradable que dar una conferencia.

—Sí, y el señor sin respuestas sufría una afasia, consecuencia de un ataque cardíaco que había afectado la zona de las respuestas en el cerebro, pero eso no le impedía ser brillante emitiendo largas sentencias. También he visto pacientes capaces de decir: “María toca a Pepe” pero incapaces de formular: “María es tocada por Pepe”.

—Curioso.

—Lógico, porque la voz activa y la pasiva son gestionadas por diferentes sectores del área cerebral de Broca, donde se localiza el lenguaje. A este paciente un ataque le había dañado el punto de la voz pasiva, pero la de la activa funcionaba bien.

—¿Por qué le interesan esos pacientes?

—Mi trabajo es hacer ingeniería inversa con esos afásicos, del mismo modo que esos ingenieros que, a partir de una sola pieza estropeada, deducen cómo funciona un motor.

—¿Hay otros modos de saber cómo hablamos?

—El más espectacular es la resonancia magnética funcional (MRI), que nos permite obtener imágenes del cerebro en actividad, mientras piensa, mira, oye, calcula, habla o lee.

—¿Sabemos qué pasa por la mente cada momento?

—Sí. Algunos científicos creen que pronto llegaremos a la neurología inversa, es decir que podremos predecir el comportamiento viendo esas imágenes del cerebro en actuación. Ya sabemos, al ver esas resonancias, que cada idioma ocupa una zona diferente del cerebro.

—¿Y los bilingües?

—Conforman un uso del cerebro diferente y a la larga un cerebro distinto. Un hablante inglés, por ejemplo, utiliza zonas de la corteza frontal, mientras que un hablante italiano emplea áreas del lóbulo temporal, cuando lee un texto en su idioma nativo.

—¿Todos los cerebros tienen el mismo modo de funcionar?

—A mí me interesan las diferencias individuales en el modo de hablar. Cuando encuentro a alguien que pronuncia mal las rr, por ejemplo, intento caracterizar el error y saber si es relevante.

—¿Hasta dónde quiere llegar?

—Primero quiero demostrar que los neurólogos y los lingüistas tienen que trabajar juntos si quieren entender cómo piensa y habla un ser humano y el segundo objetivo es trazar el mapa de la sintaxis en el cerebro.

—¿Dónde están el verbo, sujeto, predicado…?

—Exacto. Sabemos, al haber estudiado a esos afásicos, que cada función tiene su lugar en el cerebro. Si supiéramos localizarlo, descubriríamos el misterio de la formación de una frase. Así sabríamos si nacemos con la capacidad de hablar o la aprendemos. Creo que comprender la relación pensamiento—lengua es la próxima gran frontera de la ciencia.

Campaña inglesa para que los jóvenes hablen mejor

TheCavern

Una campaña destinada a que los jóvenes de Gran Bretaña hablen el inglés de manera correcta fue lanzada por el gobierno de ese país, debido al incremento del uso de frases incorrectas, generadas en los juegos de computadoras, la televisión y canciones populares.

Como estrategia, difundirán una nueva guía del idioma inglés, que servirá para que los jóvenes hablen correctamente, y puedan comunicarse “de forma clara y precisa”, informó la Autoridad de Calificaciones y Currículo (QCA).

La medida se resolvió luego de que un informe de la Cámara de los Comunes concluyó que los jóvenes británicos “hablan mal su propio idioma”. Según el diario británico The Guardian, es necesario que los adolescentes reciban clases sobre el arte de hablar correctamente para que puedan mejorar sus habilidades lingüísticas en la secundaria.

La guía del QCA, de 60 páginas y que lleva por título “Introducing the Grammar of Talk” (Introduciendo la Gramática del Habla), se difundirá en todas las escuelas de Inglaterra, Gales y Escocia a partir de octubre próximo, cuando empiece el ciclo lectivo.

El documento incluye una serie de indicaciones acerca de cómo los maestros deberían hablar el inglés. Las guías serán enviadas a los docentes antes de que empiecen las clases: el gobierno quiere que reciban el material anticipadamente.

Entre las acciones para desarrollar en las aulas ser prevee la grabación de conversaciones entre los chicos, y su posterior reproducción para que puedan comprobar sus errores. La idea es que los jóvenes de entre 12 y 16 años aprendan los beneficios de hablar el inglés de forma correcta, y eviten frases comunes erróneas entre los adolescentes.

Los alumnos trabajarán en “grupos de habla” para analizar por qué conjugan mal los verbos e incorporan palabras que no están aprobadas por la lengua de Shakespeare. Los jóvenes serán estimulados a analizar su propio lenguaje a través de estas sesiones de grabación y reproducción de sus charlas. Y de los docentes recibirán las razones por las cuales deberán evitar usos incorrectos del inglés.

Un vocero de QCA informó que la guía para los estudiantes “se lanzó después de que se completaron informes e investigaciones por el mal uso del inglés entre los jóvenes del país”. Y agregó que, por primera vez en la historia de Gran Bretaña, los docentes tendrán una guía clara sobre cómo enseñar el inglés hablado a los alumnos.

Así, continuó, “aprenderán qué palabras deben utilizar en determinados contextos sociales”, y cómo evitar el uso indebido y exagerado de palabras como “right” (correcto), “OK” y “really” (en realidad). “Estamos muy preocupados por la forma en que se habla el inglés en el país, y creo que es hora de que los adolescentes aprendan a utilizar un idioma tan rico y variado”, sostuvo el vocero.

Sue Horner, titular del área de Inglés del QCA, dijo: “Es importante ser capaz de hablar exactamente, claramente y en una forma comprensible. Lograr que los alumnos puedan explicar su uso del lenguaje les dará poder sobre el idioma. Es más probable que puedan comunicarse efectivamente si pueden entender qué es lo que están haciendo”.

Sólo 130 palabras en inglés son de uso corriente en el español

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Lo comprobaron a través de un sistema electrónico de lectura de diarios y libros. Creen que frente a los 90 mil vocablos del idioma castellano, esta influencia es insignificante. Qué pasa en la Argentina.

Por: Liliana Moreno

Con sumo placer el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, dice que la omnipresencia del inglés en la lengua española no es más que un mito muy difundido: frente a los 90 mil vocablos del idioma de Cervantes sólo hay 130 anglicismos de uso permanente. “Y eso, en la totalidad de la lengua, no es nada”, sostiene.

Esta certeza alivió a los delegados de las 22 academias de la lengua española del mundo —Barcia representa a la región Del Plata, constituida por Uruguay, Paraguay y Argentina— reunidos en 2003 en Madrid para avanzar en la confección del Diccionario Panhispánico de Dudas.

Entre sus tareas, los académicos debían fijar los criterios a aplicar frente al uso de anglicismos. El Observatorio de Neologismos de la Real Academia Española fue el encargado de informarles a qué realidad se enfrentaban. Tiene un sistema electrónico —que llaman búho, porque trabaja de noche— que detecta la presencia de voces extranjeras, cuántas y cuáles, en el uso cotidiano del español.

El búho “lee” diarios y libros. Entre los diarios están fijos los 15 principales de habla hispana —como El Mundo, de México; El Mercurio, de Chile; La Nación y Clarín, de la Argentina— y un número impreciso que rota. El informe técnico fue contundente: según el seguimiento, la base de anglicismos que se manejan no supera los 130.

El mito, según Barcia, se basa en que el inglés “tiene una frecuencia de uso tan intensa que da la impresión de que estamos frente a una verdadera invasión. Sí la hay en campos como la ciencia e Internet, donde el inglés funciona como lengua internacional. En Internet, por ejemplo, su presencia es del 75 por ciento, contra el 1,5 por ciento del español o del francés y el 0,7 del árabe”.

Para los académicos, los anglicismos impresos en diarios y libros son representativos del habla “porque las palabras son corrientes —explica Barcia— y hay un conjunto de uso común en la lengua oral y escrita. Software, por ejemplo, lo utilizan desde los medios hasta los técnicos y los chicos de la casa”.

¿Por qué no hacer un seguimiento, también, de lo que se dice en la TV y la radio, dos medios de enorme penetración? La razón, dicen los expertos, es que la lengua escrita es más invasiva porque es óptica. Barcia lo ejemplifica: “Si se dice crazy por TV, uno sólo se arma una imagen mental de la palabra. En cambio, cuando está impresa se asocia la pronunciación a la palabra y se la empieza a retener.”

Del mapa hispanoamericano —a excepción de Puerto Rico y México, por razones geográficas, históricas y políticas de peso—, España y la Argentina son los países con mayor presencia de anglicismos en la lengua.

En el caso de los argentinos —para ser más exactos, de los habitantes de Buenos Aires y de parte del centro del país hacia Córdoba—, la causa es su bienvenida porosidad cultural, cuyo lema es asimilar lo de afuera, junto al “cholulismo” de dejarse invadir por el Primer Mundo.

Que la Argentina esté entre los primeros de la lista no es un dolor de cabeza para la Academia porque la “relación de fuerzas”, dicen, sigue siendo muy desventajosa para el inglés.

Si bien el Diccionario de la Real Academia Española reúne cerca de 90 mil vocablos frente a los 130 anglicismos que detectó el “búho”, la relación en el habla, obviamente, es otra. En la Argentina —según observaciones cruzadas entre la Academia y el ámbito universitario— un hombre culto maneja entre 3.000 y 3.500 palabras frente a 100 anglicismos, y un universitario de 25 años, entre 1.200 y 1.500 frente a 70. Pero un adolescente de 15 años, en cambio, usa alrededor de 600 vocablos y, posiblemente, 60 anglicismos. “Esto es mucho, porque ellos están gestando su vocabulario”, opina Barcia. “Y habla de la falta de una política cultural fuerte frente a la mundialización de la cultura norteamericana”.

Cuando el Diccionario Panhispánico de Dudas vea la luz tendrá incorporadas una serie de recomendaciones frente al uso de los anglicismos (ver Lo que piden…), que en síntesis son: aceptar las palabras que no tienen sinónimos (jazz, por ejemplo); para las que lo tienen, usarlos (copia de seguridad por back up) y adaptar la grafía original al sistema español (cáterin por catering). “Estos criterios demuestran —dice Barcia— que las academias no tienen frente al inglés una actitud de un casticismo ridículo.” La contracara sería la prohibición de enseñar inglés en las escuelas, como hicieron con el español algunos estados de Estados Unidos, temerosos frente a los 40 millones de hispanohablantes que viven allí. “Creo que en la cultura —agrega Barcia citando a Goethe— no hay buenas o malas influencias, sino buenas o malas naturalezas digestivas. Y nuestra posición es un buen buche de avestruz, que digiere lo que traga y lo hace propio.”

Más del 60% de los idiomas del mundo pueden morir

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Cerca de 4.000 idiomas -más del 60% de los hablados en todo el mundo- corren peligro de desaparecer, según se informó en el congreso internacional “Syntax of the World’s language”, inaugurado el 6 de agosto en Leipzig (Alemania).

En todo el mundo se hablan cerca de 6.000 idiomas, pero el 95 % de ellos los habla sólo un 4 % de la población mundial, es decir las minorías étnicas. Además, se estima que un promedio de dos lenguas desaparecen cada mes para siempre.

Según un estudio de la UNESCO, son pocos los países que utilizan las lenguas maternas como medio de instrucción y es por ello que las lenguas de minorías van desapareciendo. La India, dice el estudio, es el país que con más determinación ha impulsado sistemas de educación multilingües.

Alrededor de 80 lenguas son utilizadas para enseñar a los niños y jóvenes en dicho país. “Hay lenguas en el mundo que solamente son habladas por dos o tres personas ancianas”, aseguró Balthasar Bickel, investigador de la Universidad de Leipzig, que organiza el encuentro internacional de esta semana. La razón fundamental de esta desaparición es, en la mayoría de los casos, “el cambio de idioma”, por el cual los habitantes de cada rincón del planeta se adaptan a la lengua predominante en su región, perdiendo así importancia los idiomas tradicionales.

En el congreso, que finalizó el domingo 9, participaron casi 200 especialistas de todo el mundo en lenguas como la bretona (de Bretaña, Francia) o el jalonke (de África Occidental). Investigadores internacionales, como los de la Universidad de Leipzig, tratan de impedir que se extingan los idiomas menos hablados y procuran establecerlos nuevamente en sus regiones correspondientes.

Muchos lingüistas llevan años sosteniendo la idea de que hay que hablar tres lenguas, una materna, una de vecindad y una internacional. “Más vale aprender la lengua del vecino”, dicen, “porque la mayoría de las veces los pleitos y las
guerras son con él. Para eso hay que conocer su lengua, para conocer sus necesidades, sus aspiraciones, pero también su cultura y sus valores”.