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Take #1

8 Ago
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#reciclaje #primerospasos

8 Jul

Metodologías

9 Abr

En la facultad te enseñan que, para que un trabajo de investigación sea éxitoso, quien la lleva a cabo debe tener en claro cuáles son las pautas metodológicas adecuadas para ese tipo de investigación. Eso implica delimitar el objeto de estudio hacia lo más abstracto posible y construir un marco teórico capaz de sostener todo lo que se aspira a probar.

En la vida pasa lo mismo. Cuando sos adolescente, te afirman que si seguís una serie de pasos, con seguridad vas a llegar a ser un caso de éxito. Por ejemplo, ir al secundario te va a permitir ingresar a la universidad. Ir a la universidad te va a permitir tener un título. Tener un título te va a permitir trabajar y, por consiguiente, vivir. Pasos simples, que requieren de disciplina y constancia. Para elegir una carrera, tenés que saber qué es lo que te gusta. Una vez que lo sabes (mirá cómo ya delimitaste tu objeto), te toca elegir la institución que mejor consideres que te va a capacitar (qué excluís y qué incluís, qué te parece importante y qué no tanto). Y, cuando ya estás metida en el baile, te toca delinear un plan de acción. Curso, estudio, apruebo, y se supone que, en algún momento, te recibís.

Sin embargo, desde mi perspectiva, y con la instrucción de la universidad de la vida encima, no hay nada más aburrido que seguir metodologías para arribar a un resultado exitoso. Con lo cual, tener que aprenderlas me toca un nervio y me lleva a preguntarme un montón de cosas que tienen que ver con mi escencia personal. ¿Cómo puedo hacer yo para entender y aplicar estos conceptos, si ni siquiera puedo materializarlos en mi vida real? Mismo, me hace pensar en el desafío que tienen los docentes con una alumna como yo. ¿Cómo vas a hacer vos, docente, para que una persona tan desestructurada como yo siga lineamientos tan estrictos?

Mirá todo el paralelismo que me disparaste…

 Sombra_!

XXXXIII

24 Mar

The Repeatles

En estos momentos, donde realmente me siento impotente frente a mis emociones, me torturo escuchando la melancolía ajena.

En esos días dónde te preguntás si existís en realidad, es ahí donde más duele.

Siempre encuentra un motivo para robarme mi realidad, nunca me pudo olvidar.

La verdad es tan relativa, pasaron tantas cosas, que ni a ella la puedo reconocer.

Pero allí se encuentra él y me carcome su silencio. 

Y pienso: “No me dejes de hablar, no te puedo olvidar así de fácil; hablemos y digamos que ya terminó”.

Gotas de “otra vez” caen sobre mis párpados dormidos.

Nunca recibiré suficiente de ellos.

Pero, aún lo sigo sintiendo, aunque nos lastimemos, todavía nos amamos.

Me debo, al menos, intentar hacer las cosas bien.

Age is nothing but a number

23 Feb

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Después de un cachetazo violento de realidad, me vi como arrastrada por una gran mano invisible que me despedía de una etapa y me asentaba muy firmemente en otra.

De repente, los temas eran otros, las realidades otras y me quedé quieta, observándolo todo, tratando de asimilar que, finalmente, estaba en otro plano de mi vida.

El momento en el que sucede es raro. No te imaginás nunca siendo “grande”.

Lo que me pasa a mí con los números es un poco extraño de procesar, siento que nunca dejé de ser esa adolescente rabiosa, con hambre de rebeldía 24/7; no obstante, hay momentos en los que me siento más mujer que nunca. Quiero empujar las etapas “adultas” de esta vida lo más lejos posible, no sea cosa que me pierda de cosas por vivir; sin embargo, en el fondo, quiero con mucha intensidad una porción de todo lo “estable” que traen los años.

Siempre fui muy dual. En mis veinticortos, pasaba de la bohemia al capitalismo urbano en un segundo. Hoy, que lucho intensamente por mantener ambas partes de mi ser en equilibrio, me agarra una sensación igual de dual: o pateo el tablero y barajo de nuevo, o no. Pero con una salvedad: Entendí, por fin, que esa es parte de mi escencia… And I’m cool with it.

Conclusión #1: Los años no vienen solos, sí, pero no por ellos hay que dejarse moldear por la rutina y las obligaciones.

Conlusión #2; Seguramente, no tenga ni la mitad de lo que varios tienen, o tuvieron, resuelto a los 28 años… pero si de algo estoy segura, es que soy más feliz.

Si Jagger y mi abuela pueden rockearla con tanta magia, yo mejor me despreocupo.

*Fin del comunicado*

Che, ¿qué onda?

15 Feb

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Por: Emilia M., 2010

A lo largo del tiempo, no sólo se produjo una evolución económica y política, sino también una mutación lingüística que vale la pena observar con atención. Las palabras mutan, mejor dicho, el uso que la juventud hace de ellas muta, y si no me creen, pregúntenle a sus señores padres cuál era el léxico utilizado en su juventud y así entenderán por qué se sienten completamente perdidos cuando nos escuchan hablar. Yo me pregunto, queridos jóvenes, ¿por qué tenemos la costumbre de fanatizarnos con una palabra, aplicarla en cualquier momento y adjudicarle mil y un significados distintos, cuando contamos con un idioma vasto en vocabulario?

Entonces, se me ocurrió inventar una conversación en la cual se incluyeran casi todos los usos que le damos a la palabra “onda” (porque seguro hay más), y para eso, me puse a charlar con amigas y a tomar nota. ¿Qué estresante, no? He aquí dos conversaciones, una con un tinte positivo y otra con un tinte negativo:

  • ¡Ay, boluda! ¡No sabés! Onda, la pasamos increíble. Ahora espero que me vuelva a llamar.
  • Pero, ¿cuántos días pasaron? ¿Pegaron onda?
  • Tres, cuatro días, y sí hubo onda nena, si no… no estaría así, ¿o no?
  • ¿Por qué no le mandás un texto?
  • ¿Diciendo qué?
  • No sé… ponele un “Che, ¿qué onda vos?” Como para ver qué onda. Además pensá: no lo estás invitando a salir ni nada, el “che, ¿qué onda?” es lo más neutro del mundo.
  • Si, tenés razón, además él es re buena onda.
  • ¡Amiga! ¿Cómo te fue con el chonguito que te presenté?
  • Ni me hables. Yo a vos te tengo que matar. El pibe este tenía menos onda…
  • Uh… Sorry, amiga… onda, ¿qué pasó?
  • Nada, es un tarado, no sé hasta llegué a pensar “¿y este qué onda? ¿de qué se la da?”
  • Bueno, te prometo que el próximo va a valer la pena.
  • ¡No! Voy a dejar de hacer esto, de onda te lo digo, me cansé de ponerle onda a estos encuentros desafortunados. Yo sé que vos lo hiciste de onda, pero no puedo seguir así de desastre en desastre…
  • Que mala onda, amiga… ¡tal vez un respiro no te venga nada mal!

Como vemos, la cantidad de usos son muchísimos, pero para comenzar con este análisis qué mejor que preguntarnos cuál es su etimología. Así que, señores, no nos queda otra que poner las manos en la maza y empezar a desglosar:

Según la Real Academia Española (www.rae.es), la palabra “onda” viene del Latín unda –que significa “ola o remolino” (1)– y es un sustantivo femenino que, principalmente, significa: 1) Cada una de las elevaciones que se forman al perturbar la superficie de un líquido; 2) Movimiento que se propaga en un fluido; 3) Cada una de las curvas, a manera de eses, que se forman natural o artificialmente en algunas cosas flexibles, como el pelo, las telas, etc.; 4) Cada uno de los recortes, a manera de semicírculo, más o menos prolongados o variados, con que se adornan las guarniciones de vestidos u otras prendas.

Pero, que yo sepa, el primero que me habló de ondas fue mi profesor de física. Él nos hablaba de “ondas cortas”, “ondas de choque”, “ondas electromagnéticas”, “ondas largas”, “ondas luminosas”, “ondas medias”, “ondas portadoras”, “ondas progresivas”, etc. Sin embargo, la realidad es que la juventud llevó a cabo un proceso de adaptación, en el cual agrandó la lista de posibles significados a partir de la imagen que  le produjeron los usos coloquiales. Entonces, ¿qué onda todo esto? Tal vez, al consultar un diccionario de jergas de habla hispana (www.jergasdehablahispana.org) logre encontrar algo que describa fehacientemente la realidad lingüística juvenil y me aclare un poco más el panorama. Efectivamente, la palabra “onda” puede significar en Argentina: 1) (Sust. fem.) Cosa negativa o positiva. Si se utiliza sólo es algo positivo; 2) (Loc. vb.) Haber onda. Mostrar simpatía, interés, amistad; 3) (Conj.) Onda que… Parece que, o sea que; 4) (Adj.) Dicho de una persona. Buena onda, simpático, agradable, afable. Mala onda, malvado, cruel, insensible; 5) “¿Qué onda?” utilizada como frase interrogativa para preguntar qué sucede o como saludo; 6) (Loc. Vb. Coloq.) “Tener alguien buena onda”. Tener una actitud positiva hacia alguien; 7) (Loc. Vb. Coloq. Jerg.) “Tener onda con alguien”. Dicho de dos personas: Sentir inclinación mutua afectiva y espontánea. Así y todo, me topé con algunas frases, no tan actuales en la jerga juvenil, pero que aún siguen en carrera para convertirse en las favoritas de los adolescentes: “Captar la onda” (2), “estar de onda” (3), “estar en la onda” (4), y “estar fuera de onda” (5).

Sr. Lector, si Ud. está pensando que aplicará correctamente el uso de la palabra “onda” en el contexto adecuado, está Ud. en serios problemas. Pero empecemos por el principio. Por un lado, en física, una onda es una propagación de una perturbación de alguna propiedad de un medio, por ejemplo, densidad, presión, campo eléctrico o campo magnético, que se propaga a través del espacio transportando energía. Por otro lado, la espiritualidad –un campo que poco tiene que ver con la ciencia– aplica el mismo discurso al sostener que el cuerpo es materia que transmite energía a través de ondas (6). Yo me pregunto con la misma perplejidad que Ud., Sr. Lector: ¿Desde cuándo la ciencia y la espiritualidad comparten ideologías? Claramente, las apariencias engañan.

Cuando decimos que una persona tiene “buena o mala onda” nos referimos a la energía que aquella transmite, la cual es capaz de transformar un ambiente, de la misma manera que una onda perteneciente al campo de la física puede transformar cualquier medio. A través de ella podemos sentir el tipo de energía con el que está cargado un lugar o una persona. Lo mismo podemos decir cuando sentimos, por parte del otro, un abandono total de energía al usar “tiene menos onda…”, el cual puede completarse con una apódosis como “… que un renglón/bandera de chapa/pelo lacio/pelo de indio/pelo de chino/Verón cantando ‘un yoghurt cada día’/papel milimetrado/partido de bochas por la radio/etc.”. La idea es que se describe algo o alguien que es aburrido, rígido, constante, que no dice nada, etc. ¿Pero qué pasa cuando decimos que algo “va con onda” o que hacemos algo “de onda” o cuando le queremos “poner onda” a algo? Con estas expresiones canalizamos el uso de esta energía, ¿no les parece?: cuando hacemos algo desinteresadamente, lo hacemos de onda; cuando queremos decir algo y no queremos que suene feo, decimos que va con onda; y cuando ponemos lo mejor de nosotros para emprender cualquier actividad, le ponemos onda. Con lo cual, este sustantivo tan particular tiene una estrecha relación con la actitud. Podemos afirmar que la energía espiritual, que nada tiene que ver con la religión, sino más bien con el espíritu, es el aliento motivador que permite llevar a cabo acciones en un estado de felicidad plena.

Entonces, ¿es posible que la polisemia de la palabra “onda” tenga como origen la asociación inconsciente que hace el cerebro humano entre sentido y estado de ánimo? ¿Puede ser que la juventud use tanto esta palabra porque la transmisión de energía los mantiene en un estado de felicidad constante? ¿Será por eso que en vez de preguntar “Che, ¿cómo estás?”, pregunten “Che, ¿qué onda?”? Porque si afinamos bien nuestros oídos nos daremos cuenta de que esta frase es una plaga. Sirve para todo y la encontraremos junto con complementos nominales que especifican el significado de la “onda” a transmitir. Por ejemplo, si decimos “Che, ¿qué onda, hay clases?, preguntaremos, en este caso, si pasó algo que nos perdimos (el “hay clases” puede reemplazarse por cualquier frase nominal); si preguntamos “¿qué onda tu vida?” nos referiremos a las novedades sobre la vida de una persona; pero utilizaremos “¿qué onda esto?” para pedir que alguien nos explique qué hacer con algo o qué es algo, cualquier cosa; en una situación más íntima, le preguntaremos “¿qué onda vos?” a un amigo, sólo para saber en que anda; y expulsaremos a los extraños y a las cosas raras con un “¿y éste/esto qué onda?”.

A modo de conclusión, podemos afirmar que nosotros –sí, me deschavo como joven que utiliza esta palabra a mansalva- tomamos la palabra “onda” (aquella cuyos significados refieren al campo de la física) y con ella moldeamos un sin fin de sentidos a partir de la imagen que nos generó y de la inclusión de otro campo temático/lingüístico como es la espiritualidad. Si nos ponemos a pensar, la espiritualidad se basa en la transpersonalización del ego: esto quiere decir que la energía que alienta nuestra naturaleza da lugar a la existencia de un espíritu superior del cual depende nuestro ego. Si logramos armonizar el alma y el espíritu, seremos capaces de trascender, con lo cual, ¿quién le dice, Sr. Lector, que no elegimos esta palabra a propósito? Quizás nuestro ego adolescente quiere que marquemos una tendencia, que no perdamos la efervescencia y que logremos transcender a través de la rebeldía en el uso lingüístico de las palabras. ¿Quién sabe?

La realidad es que queda mucho por decir. Es una palabra que se puede aplicar tanto al campo de las artes, de la comunicación, del amor, del odio, etc., porque se refiere a las conexiones que podemos tener entre nosotros, con nosotros mismos, con un área específica o simplemente con la vida misma. No obstante, espero haber ayudado a aquellos que siempre se quedan con la boca abierta cada vez que nos escuchan hablar y haber pasado en limpio correctamente los usos que hoy en día se hace de dicha palabra. Desde ya, muchas gracias.

NOTAS

(1) A lo largo de la historia, la palabra unda dio lugar a la palabra undula, que significa “pequeña onda”. De ahí surgieron las palabras “microonda”, “ondear”, “ondulación”, “ondular”, etc.

(2) (Locs. Vbs. Coloq.) Darse cuenta de algo disimulado o apenas explícito.

(3) (Loc. Vb. Coloq.) (Argentina) Estar de moda.

(4) (Loc. Vb. Coloq.) Estar al corriente de las últimas tendencias o de lo que se habla.

(5) (Loc. Vb. Coloq.) Estar desfasado, desconectado de las últimas tendenias o de lo que se habla.

(6) Un ejemplo claro es el de los mantras, ya que transmiten energía a través de los sonidos. Decir cualquier palabra produce una vibración física real. Si la vibración física se combina con una intención mental, entonces la vibración contiene un componente mental que influye en el resultado de cualquier acción. Además, los mantras son pensamientos que crean ondas de energía, que se envían como impulsos a través de nuestro organismo y, por supuesto, nuestro organismo puede absorber la vibración de otros organismos cercanos. Cuando un organismo vibra en sintonía con la energía y el estado espiritual que representa, se produce un cambio de estado. El organismo se convierte en otro.

A quién corresponda,

23 Ene

Rama

Creo que, tal vez, la mejor manera de empezar esta carta, si no la más exacta, es diciéndote hola, pero no estoy muy segura. Tal vez tenga miedo, digo, me es muy difícil establecer un punto medio entre lo “cursi”, y el desinterés, porque, ¿quién sabe?, tal vez, no quiero que me malinterpretes, o sí, no sé. Pero, el meollo de este asunto es, sin dudas, simple.

¿Cómo estás? ¿Bien? Me encantó conocerte el otro día. Aunque me esté costando horrores escribir esta carta, creo que es el momento indicado para hacerlo. Vos te preguntarás la finalidad de esto, pero ni yo sé hacia dónde estoy yendo. Teneme paciencia, no estoy acostumbrada a que todo fluya con normalidad, de hecho, la vida me enseñó, lamentablemente, que el amor y el dolor van de la mano, con lo cual, mi inseguridad, sí, esa que conociste el otro día, se eleva día a día y alcanzó, hoy, una altura inimaginable.

A pesar de todo lo que vos me decís, sé que si no doy un paso para adelante, vos vas a dar uno para el costado, ¿y si te vas, qué hago? Por eso me armé de coraje el otro día, pero me acobardé antes de empezar, y te digo más, vos tampoco fuiste muy claro cuando hablaste. Me perturbó eso, en realidad, me perturba todo el tiempo, digo… la falta de claridad. A veces no entiendo que vos, tal vez, estés en la misma situación que yo, ni que experimentás las mismas sensaciones, y nos empeñamos, o al menos yo, en empañar todo. Porque, ¿sabés una cosa? Yo no veo bien, me cuesta demostrar mis sentimientos, adoro mi independencia y soy reacia a cualquiera que intente invadirme, ¿vos te bancás eso? ¿Eh? ¿Ves?, ahí va mi inseguridad. Dios mío, no puedo dar tantas vueltas.

Sin embargo, y cambiándole el rumbo a esto, vos sabés muy bien, y si no lo sabés te lo digo, que cuando estamos juntos todo parece encajar, como si vos fueras la figurita que me faltaba para completar el álbum. Sos “eso” que me complementa y creo que no me queda más para decirte que te quiero, y mucho.

Por: Emilia M., 2010